domingo, octubre 12, 2008

Fenómeno.

— ¡Lluvia! ¿Qué…?

Sólo sorpresa hubo en la mente de Juan Benigno en sus últimos segundos de vida. El faro, su empleo de los últimos treinta y dos años, su pequeña casa y un almacén adyacente, se desplomaron momentos antes de ser arrastrados por las aguas. Una pequeña unidad militar cercana provista de embarcadero y dos lanchas patrulleras y las vidas de sus veintisiete soldados, fueron destruidas de un modo tan súbito que ninguno de ellos consiguió vislumbrar peligro alguno. El primero en advertir algo extraño sin perder la vida fue Alexis, el novio de la hija Juan Benigno. Después de saltarse la escuela, se habían escondido en uno de los cuartos de su casa, aprovechando la ausencia de sus padres. Un ruido de cascada lo impulsó a mirar hacia fuera y alcanzó a ver la desaparición del faro.

— ¡Nina! ¡Vamos!

Apenas salidos, la tierra se sacudió espasmódicamente, retumbando con el tono más grave que hubiera escuchado. Había una pared enorme a pocos metros y una catarata de agua de mar bajaba desde el cielo. "¿La pared se mueve?" alcanzó a preguntarse cuando recibió una confirmación espeluznante. La casa, de la que acababan de salir, se derrumbó al tropezar con la pared. Los jóvenes corrieron sin mirar atrás, ni entender hacia donde se movía la columna. En pocos segundos el caserío quedó arrasado. Cierta fetidez imperaba por todas partes. Luego de unos minutos interminables, el estrépito resonó alejándose. Alexis y Nina salieron de su escondite. El paisaje había cambiado de un modo que no podían interpretar. Buscaron entre las piedras, pero sólo una anciana había sobrevivido y falleció a los pocos minutos: había perdido una pierna y sangraba profusamente.

Nina quería regresar al faro en busca de su padre, pero la carretera estaba llena de lodo y piedras.

— ¡Por el campo!

Una falla de unos veinte metros de altura les cortó el paso. Caminaron por su borde con angustia creciente.


 

Eran hombres disciplinados los que se reunieron en el puesto de mando. Vestidos de verde oliva, como solían hacerlo en cada crisis, conversaban animadamente esperando la entrada del Presidente del Consejo de Defensa. Éste recibía instrucciones por teléfono en una oficina contigua. Luego de colgar, se apresuró a dirigirse al teatrillo donde todos se pusieron de pie brevemente en señal de respeto.

— ¡Compañeros! Supongo por sus comentarios, que ya tienen información de los acontecimientos que están ocurriendo en el extremo más oriental del país. El Teniente Coronel Sardiñas expondrá los detalles.

El oficial se acercó uno de los micrófonos que estaban sobre la mesa presidencial y comenzó su ponencia:

— A las 1415 horas del día doce de mayo del presente (ayer, quiero decir), perdimos contacto con nuestra unidad 1773 perteneciente a las heroicas Tropas Guardafronteras. Esto fue notado a las 1427 horas por el Sargento Ismael Negrín del puesto de mando del municipio Maisí, pero no fue posible obtener ningún informe posterior desde dicho punto. En poco menos de una hora fueron cortadas las comunicaciones con Gran Tierra, Dos Hermanas, Cantillo, La Tinta, La Cruzada, Vega Yumurí, Pueblo Viejo, Lavadero, La Sabana, Boruga, Bariguá, es decir, con todas las poblaciones situadas al oriente de la Sierra del Purial.

"Sospechando una acción del enemigo, declaramos en alerta de combate a la totalidad de las tropas del Ejército Oriental y pedimos instrucciones a la Habana. Los informes de Inteligencia, no obstante, resultaron tranquilizadores: no había en marcha ninguna operación enemiga en nuestro territorio, debía tratarse de un problema de comunicaciones o un hecho natural. Enviamos dos grupos de exploración por tierra, conectados por radio, desde Juaco y Mata Mariana y una embarcación por el norte, desde San Antonio. Los grupos terrestres no llegaron a transmitir ninguna información, pero la patrulla marina reportó haber visto una elevación extraordinaria en forma de columna. No consiguieron distinguir la parte superior, ni la base, pero lo más inquietante es que se movía hacia el suroeste y se escuchaba un sonido potente, que ellos creen que partía del evento observado."

"La patrulla se dirigió al este y encontró un punto próximo a Cabo Maisí donde lograron desembarcar y efectuaron un recorrido por la zona afectada. No fue posible localizar ningún poblador que informara sobre lo ocurrido, pero sí huellas de una gran destrucción: el faro es ladrillo y polvo, las terrazas se han aplanado, el suelo está lleno de agua de mar hasta muy adentro en la tierra, la carretera, hundida. Negamos una petición de la patrulla de adentrarse hacia Gran Tierra, ya que habíamos recibido nuevos informes de destrucciones en Playitas, Cajobabo, Imías, Los Gallegos y Vega Batea."

"Enviamos un avión de reconocimiento, el cual reportó un importante cambio en la orografía del este de la provincia, así como la aparición de un macizo en la parte sudoccidental de las Cuchillas del Toa, accediendo a las Lajas de Cujerí. Desde la altura del avión, parecía un ser viviente de extraordinario tamaño. Luego de intentar un acercamiento mayor para fotografiar desde un ángulo más apropiado a la criatura, los pilotos reportaron que ésta parecía crecer y perdimos el contacto también con la patrulla aérea."

"El fenómeno se está acercando al Valle de Guantánamo. Todavía no se ha determinado con exactitud su naturaleza aunque sabemos que no se trata de un ente estático, sino que goza de gran movilidad y que es muy grande, enorme, quizás de unos cinco a diez kilómetros de altura."

El General Márquez, Presidente del Consejo de Defensa en la provincia oriental, tomó la palabra:

— Gracias, Teniente Coronel. Dos cosas necesitamos en este momento: información y celeridad. Es necesario, de una vez por todas, que sepamos cuál es nuestro nuevo enemigo. Una cosa es segura: no son los yanquis. Ellos están aterrorizados, están evacuando la base y no nos han dicho una palabra. Algo bueno saldrá de esta situación y es que habrán abandonado esa parte de nuestro territorio, que por lo tanto volverá a ser nuestro en pocos días. Hay que asegurar los elementos claves de nuestra vitalidad en la capital provincial y hemos trasladado los archivos y medios de resistencia, así como el personal imprescindible hacia los túneles, tal como está previsto para situaciones de gravedad extrema. Una escuadra de cazabombarderos ha partido con instrucciones de filmar y enviarnos imágenes del fenómeno. Si detectan que se trata de un ser viviente, deberán exterminarlo, ya que ha causado la muerte de no menos de diez personas a su paso por el oriente del país y la destrucción de bienes materiales por valor de más de mil millones de dólares. Ahora, ustedes se ajustarán al protocolo previsto y deben ponerse en marcha de inmediato para proceder a la protección de sus territorios asignados.

Sin embargo, no llegaron a salir del recinto. Una enorme masa se abatió sobre la ciudad, provocando un pánico de hormiguero. Los que lograron volver la cabeza y distinguir la forma que los apisonaba, declararon que tenía el aspecto de la punta delantera de un pie humano. Otros, identificaron como orine el líquido que inundó la parte norte de la ciudad.

La escuadrilla se mantuvo a respetuosa distancia del ser, parcialmente oculto por las nubes y las montañas. Las imágenes se analizaban a mil kilómetros de distancia, en lo profundo de un búnker de cincuenta metros de profundidad, provisto de capacidad de cómoda supervivencia de unas cuatrocientas personas por varios años y moderna tecnología de comunicaciones.


 

El profesor Cáster estaba al frente del equipo de investigadores que estudiaban las filmaciones y fotografías del "Monstruo del Paso de los Vientos", como llamaban en la prensa mundial al ente que recorría la región oriental de Cuba aplanando montañas y destruyendo ciudades y conglomerados de tropas.

—No se trata de un ser humano .Eso es algo que debe quedar claro para todos. Los seres humanos no pueden medir más de tres metros. Las imágenes parecen ser del tronco de una persona. Tiene poca cintura, ombligo abultado, poco vello. Pero es humanoide. No hay tecnología capaz de construir un robot de esas dimensiones. Además, hay testimonios de micción y huellas de heces fecales en la zona de Alto Songo. Las apreciaciones sobre su estatura deben estar exageradas, ya que ha tenido dificultad para atravesar la Sierra Maestra. Reaccionó ante cohetes que les fueron lanzados desde un barco de la Marina de Guerra, alejándose tierra adentro. Es posible que se necesiten misiles estratégicos para destruirlo o causarle un daño apreciable.

— Profesor, las imágenes que se han obtenido por medio de la fotografía infrarroja confirman completamente el carácter antropomórfico de este fenómeno. Es claramente una cara lo que observamos en esta fotografía, observe los ojos y la nariz.

— El análisis de las muestras recogidas por las expediciones, revelan que se trata de un animal de gran talla, de una especie muy similar a la humana. No sabemos su procedencia, ni como no había sido descubierto con anterioridad. No hay descrito nada similar. Una especie de King Kong. Sólo que diez veces mayor. El simio sería un pequeño juguete de peluche para este monstruo.

— Bueno, yo debo informar al mando. ¿Es un ser vivo? ¿Cómo puede neutralizarse?

— No estoy de acuerdo…

— Usted no está aquí para opinar. No queremos escuchar tonterías ecologistas en estos momentos. ¿Cómo matamos al bicho? Es lo único que hay que saber.

— No es un bicho. Es un bebé. Mire este trabajo.

Una de las fotos, procesadas con filtros comunes, estaba revelando ante ellos la imagen de su terrible enemigo. Un niño de alrededor de dos años. Hermosos rizos, ojos azules, dentadura perfecta.


 

El niño, al llegar a Camagüey, encontró cómoda la llanura y se sentó, destruyendo varias granjas ganaderas con el fondillo. Los camagüeyanos que huían de la ciudad atrajeron su atención y trató de atrapar a alguno. Eran demasiado pequeños y se aplastaban al contacto. Pero pudo atrapar a un vehículo lleno de hombrecitos que se lanzaban por las ventanas. El niño soltó el vehículo que se estrelló en la tierra. Pasó la mano por el terreno y miró divertido a los hombrecitos en fuga. Algunos picaban, como aquellos de los aparaticos que le provocaban escozor, pero no lo suficiente para incomodarlo. Era un buen espacio para acostarse. Tenía sueño.

En medio del descanso, se produjo el ataque. El niño, inquieto, se rascaba donde hacían blanco las bombas más poderosas y terminó por despertarse, asustado por el movimiento agresivo de los aviones que lo cercaban en gran número. Se levantó llorando y corrió a lo largo de Camagüey y Ciego de Ávila, perseguido por los cazas, algunos de los cuales fueron destruidos a manotazos antes de que abandonaran la persecución. Estuvo llorando un buen rato antes de quedarse nuevamente dormido.

— No tenemos armas nucleares, que serían las únicas que podrían destruir a este monstruo. El Gobierno Norteamericano nos ha ofrecido su colaboración, pero es una patraña. La intervención de tropas del imperio en Cuba terminaría siempre en intento de imponernos la anexión. Nunca aceptaremos tal apoyo. Tenemos que destruir esta amenaza con nuestros propios medios.

— ¿No podremos empujarlo hacia el mar?

— Los mares alrededor de Cuba son muy poco profundos. Necesitamos dos kilómetros para ahogarlo.

— El Golfo de México, la Fosa de Oriente o la de las Caimán.

— El Golfo no es una opción. Para llegar allí, tendría que pasar por la Habana y podría arrasar también a Varadero. Sería un desastre irrecuperable.

—Entonces, habrá que llevarlo hacia Oriente. Si fuera posible, por el mar. No hay esperanzas de conducirlo exactamente a la Fosa de Caimán.

— Pero, pudiera repetir su paso por el Golfo de Manzanillo o la región del Cauto. Las consecuencias serían catastróficas y permanentes. Hay que escoger el mal menor, son territorios menos sensibles.

Al despertar la mañana siguiente, el niño se encontró a un grupo de aviones haciendo vistosas evoluciones que dejaban estelas de humo colorido. Trató de agarrarlos, pero se le escaparon y dando torpes pasos tambaleantes, los siguió. Mientras esto hacía, a sus espaldas se formaban grandes unidades de combate portadoras de potente artillería reactiva. Comenzó a caminar por las aguas del sur de la provincia Ciego de Ávila. Los buques de guerra esperaban que los aviones alejaran al niño de la costa y así poder colocarse a sus espaldas para impedirle el retroceso, pero él siguió andando próximo a la orilla. Un tropezón, seguido de una caída y comenzó el llanto que a la distancia a que se encontraban las tropas era perfectamente inteligible.

Después de un rato sentado en el agua, comenzó a jugar con ella y volvió a levantarse. Como aún no había llegado el segundo escuadrón de acrobacias aéreas, una lancha patrullera de alta velocidad se introdujo en el agua disparando fuegos artificiales y humo de camuflaje para atraer la atención del niño e impedir que regresara a la orilla. Poco a poco lo fueron conduciendo por la zona de aguas poco profundas del Archipiélago de los Jardines de la Reina y no pudieron impedir que la criatura torciera el rumbo y se adentrara en el Golfo de Guacanayabo. Volvió a encaramarse en la tierra oriental por Niquero, aterrorizando a los pobladores del valle del Cauto, incapaces de encontrar una vía de escape que los mantuviera a salvo del aplastamiento. El movimiento tambaleante y azaroso del niño destruyó Macaca, Colorado, el Chino y Las Lagunas, dejando intactos a San Joaquín, Apolinao y Malanga, por citar algunos.

El problema es que estaba de la parte norte de la Sierra Maestra y era necesario conducirlo hacia el sur, donde se encuentran las aguas profundas de la Fosa de Oriente. Algo grande era necesario para forzar al enorme pequeño a pasar por encima de la cadena montañosa. Y el general Cortés encontró el modo. "Un incendio." Una escuadra completa se lanzó en picada sobre una base de camiones estacionados cerca del camino. El fuego del combustible se unió a los estallidos de los proyectiles, casas y árboles ardieron en la hoguera rápidamente, provocando un fuego de grandes proporciones que consiguió hacer al niño dar unos pasos atrás y caer, derribado por el choque con la cadena montañosa. Así entró al mar.

Después, la tarea era impulsarlo a penetrar más en el agua. Todos los buques de guerra y los aviones se unieron en un esfuerzo final que dio sus frutos casi frente a la ciudad de Santiago.

Miles de santiagueros miraban desde el litoral las maniobras bélicas que realizaban conjuntamente la marina y la aviación contra el niño. Podía distinguirse claramente los hombros saliendo del agua, el cuello, y la cabeza infantil. Lloraba desconsoladamente. Tenía miedo y cada paso lo hundía en el abismo.

La compasión empezó a extenderse en el pueblo. A pesar de la costumbre de callar y aceptarlo todo, presenciar el asesinato de un bebito era demasiado fuerte para muchos. Mientras era una mole incomprensible podían odiarlo, desear su desaparición por cualquier vía, pero a dos kilómetros de distancia, viendo sus gruesos lagrimones y los pucheros que hacía con la boca sonrosada, el odio era imposible.

Comenzaron a escucharse voces: "No lo maten." "Dejen que se vaya." El niño se había calmado y miraba atentamente lo que hacían los aviones de guerra. Una pirueta y se echó a reír. Esta risa desató la ternura de sus víctimas, que empezaron a gritar con fuerza: "Queremos que viva." Pero el niño dio un nuevo paso atrás y perdió el equilibrio, gritando desesperado antes de hundirse en el fondo marino.

Los gritos, imprecaciones y llantos de los santiagueros dieron lugar a la sorpresa cuando se vio bajar de las nubes dos enormes brazos, que entraron en el agua y sacaron al bebé. "¿Qué hacías en el mar? ¿Dónde te habías escondido?", preguntó su madre, apoyándolo contra su pecho.

lunes, septiembre 29, 2008

Katia decide matar

Una niña de trece años acaba de salir de su cuarto de fantasías dispuesta a matar. Es el final clásico para situaciones como la suya. Una decisión propia, conocida por algunos, que sólo ella vive. Yoelqui, su "novio", aterrado, espera que lo haga. Sabe que de todas formas se verá implicado en el crimen, que los padres de Katia buscarán crucificarlo. Piensa que es preferible a la vida que tendría si la muchacha no cumpliera su designio.

Ya no quiere ser maestro. Nunca fue buen alumno, por eso no pudo aspirar a nada mejor y aceptó, entusiasmado, la idea de convertirse en profesor en pocos meses. El sistema de clases por televisión le permitiría ir aprendiendo al tiempo de sus alumnos y una vez a la semana tendría clases para obtener un título universitario. Horario cómodo, trabajo con uniforme, sensación de poder.

Su miedo a no poder controlar a dieciocho niños había desaparecido desde la primera clase. Era un grupo de séptimo grado al que inspiraba respeto tener un profesor de apariencia más juvenil que la de alguno de los de la pandilla de noveno, capaz de expresarse en su mismo argot y que no vacilaba en insultar y humillar a los más débiles de la clase. Pronto descubrió ese destello de admiración en los ojos de algunas niñas.

Katia estaba en octavo. Como sus notas en séptimo habían sido perfectas, tenía la ilusión de entrar a un buen tecnológico desde donde se pudiera acceder a la universidad. Escuchó a las niñas de séptimo decir "el Pelly* es un mango" y se fijó en él. Un cruce de miradas le bastó a Yoelqui para desearla: la muchacha tenía suficientes atributos de adulta para él.

Todo fue fácil. Una chica que aún no había tenido relaciones con otros chicos, rodeada de otras que contaban sus experiencias. Una familia trabajadora, que la dejaba frecuentemente sola en casa todo el día. La curiosidad, el deseo, el ardor juvenil y la imprevisión hicieron el resto.

Katia notó su retraso desde el día que le tocaba. Con la esperanza de un desarreglo, esperó una semana, vigilándose constantemente. Entonces habló con Yoelqui. "¿Es seguro?" "No sé." "Tienes que ir al médico." "¿Y si se lo dice a mi mamá?" "Mejor vamos a maternidad." La palabra les choca. Es como si ya tuvieran el diagnóstico. En las dudas, pasan unos días y se forma la convicción. "¿Qué vas a hacer? Tienes que sacártelo. Yo doy la sangre." Pero no es tan fácil. Una niña de trece años no puede llegar a un hospital para que le practiquen un aborto o una regulación sin conocimiento de sus padres. Y si lo consiguiera, ¿cómo ocultarles después su situación?

Es el momento en que los dos niños temen su futuro. Yoelqui puede perder el trabajo y hasta la libertad. Katia, su posibilidad de seguir estudiando. Están decididos a no decir nada a los padres, pero Katia, en su depresión, se quiebra ante las preguntas de su madre.

Ésta no puede pasar sin la confirmación médica y lleva a la niña al hospital, donde la obtiene. La angustia y la ira bloquean todo su pensamiento. Ni por un momento piensa en la posibilidad de "casarlos" para que "tengan" al niño. Sería un matrimonio insostenible. Ella tomó la decisión en el acto: ese niño no debe nacer. Ni ella, ni su esposo, ni la niña y ni su novio, están en disposición de mantenerlo. No tienen espacio, economía ni tiempo. En realidad, sólo le preocupa la salud de la niña. Cómo saldrá después de una acción tan agresiva. La pobre higiene del hospital. Habrá que arriesgarse, que el novio done sangre, pedir unos días en el trabajo, cuidarla.

Pero Katia tiene algo más en su cabecita. Por un momento, antes de que su madre hablara, pensó que ella querría ese nieto, una especie de hermanito de su hija. Que la disuadiría de dar el paso terrible, que la protegería de la visión sangrienta que la atormenta. Todo lo contrario. Ahora habla de lo sencillo del procedimiento, de que podrá terminar el curso sin ningún problema, que sólo serán unos días sin ir a la escuela. Menos mal que su hija habló a tiempo; porque, de no haber sido así, se iba a desgraciar la vida para siempre.

Dócilmente, acepta. Es una chica obediente, siempre lo ha sido. No temerá más al futuro, espera salir bien de la intervención. Ya Yoelqui fue al banco. Katia marcha, con su madre, al hospital. Desecha los sentimientos que no llegó a tener, cuando se coloca en la camilla.

* Pelly: Denominación popular para "Profesor General Integral", PGI.

sábado, septiembre 20, 2008

El hombre que quería ser cubano.

- Me siento como ustedes.

No es así. Sólo lo cree. La falta de aprensión en su mirada atestigua que no es como nosotros.

- En los años que hace que visito este país, he llegado a quererlos. Tengo muchos amigos, he tenido amores. Ustedes son tan maravillosos que me siento parte de ustedes.

Lo comprendo, he escuchado palabras similares de muchos visitantes. Somos amables. Desde Colón vienen diciéndonos eso. Buenas personas, como este amigo, se conduelen de nuestras tragedias, quieren ayudarnos, en ocasiones lo hacen. Pero seguimos necesitando ayuda. No somos vagos, pero "se trabaja poco". Somos inteligentes, brillantes en algunos casos, pero "todavía pagan con espejitos".

- Me gustaría ser cubano.

Esto es nuevo. Muchos cubanos no quieren ser cubanos. Otros, quieren serlo, pero viviendo en otra parte. Parece que la nacionalidad cubana es mal negocio. No es como ser español o alemán. Pero este hombre, con pasaportes de varios países de primera, quiere ser cubano. ¿Hasta qué punto?

- Pagué el alquiler de dos meses y guardé el resto del dinero. Si no me busco nada, tendré que vivir dos meses con cincuenta CUC.

Difícil. No puedo evitar preguntarle. "¿Cómo piensa que puede ganar dinero?"

- Para sentirme cubano, tengo que ganarlo haciendo algo que pueda hacer cualquiera. Por ejemplo, trabajar en un agro o manejar un bicitaxi.

"No. Trabajar en un agro sólo pueden hacerlo los que tienen la plaza. No es algo que pueda conseguirse de pronto, a no ser que la compres. Si lo haces, ya no eres un cubano de a pie, sino un maceta. Para el bicitaxi, tienes que comprar uno y sacar licencia."

- ¿En qué puedo trabajar?

"Puedes revender periódicos. Te levantas a las cinco de la mañana y marcas muchas veces en la cola. Compras cincuenta ejemplares a veinte centavos y los vendes a peso. Así te buscas hasta cuarenta pesos en un día, si los vendes todos. Uno sesenta. Puedes vender bolsas de nailon en las afueras del agro. A peso, la bolsita, puedes ganar unos cien pesos aunque tienes que pagar por las bolsas. Es ilegal, pero poco perseguido."

- No me gustan esos trabajos.

"Eso significa que estás en condiciones de elegir. Muchos, no. También depende del nivel. Puedes hacer traducciones, cuando consigas clientes. Ten en cuenta que ya hay muchos traductores y es un trabajo bastante especializado. Yo te puedo presentar alguno, si recibe más trabajo de la cuenta, que te avise."

- ¿Y mientras tanto?

"Si sabes que tienes dinero guardado y puedes acudir a él en caso de emergencia, estás en las mismas condiciones que muchos cubanos. Excepto que tú tienes a tu favor el conocimiento de que es por sólo dos meses y puedes resistir mejor. Ellos están en peligro de depender de sus ahorros para toda la vida."

- No voy a utilizar ese dinero. De ninguna forma. Tampoco voy a jinetear, ni a escribir en revistas, ni ganar dinero de otra forma que como lo haga un cubano cualquiera.

"Puedes ser maestro particular. A veinte pesos la clase de dos horas, puedes preparar alumnos para la prueba de ingreso. Yo te pongo en contacto con un individuo que tiene una especie de academia." Aún así, no sería cubano. Ni se empezaría a sentir como tal. "Hace falta la paranoia."

- Ya yo tengo paranoia. Estoy alojado en un cuarto ilegal. Llegó un inspector a la casa, dicen que por un chivatazo, y me escondí hasta que se fue. Tengo tanto miedo de perjudicar a la casera que no me atrevo a salir al balcón.

No es toda la paranoia, pero se puede aceptar. El hombre se está esforzando. Se monta en el P5, apretando la cartera y le roban el celular. Como no puede utilizar su dinero, se queda sin teléfono. Aún así, persiste y también le roban la cartera. Por suerte, dejó el pasaporte en casa. "¿Cuánto te robaron?"

- Veintidós CUC y ochenta pesos cubanos. Pero voy a vivir con lo que queda. A los cubanos también les roban en el bus.

"Te falta algo importante. Eres demasiado independiente. Si fueras como nosotros, estarías buscando ayuda. Pensarías que el Estado debe ayudarte en una situación así. Dependemos mucho de las instituciones."

- Entonces, para ser cubano, ¿tendría que haber ido a la policía?

Puede ser. Pero su problema es de actitud. Es cierto que ha cambiado. Ha perdido algo de la ingenuidad de semanas antes. Ya no mueve la mano para pagar cuando está tomando una cerveza conmigo. Ya no les teme a las mulatas que pasan a su lado sin proponerle nada, porque no adivinan su extranjería. Ha olvidado su correo, la Internet, sus cuentas en los bancos. Sigue, no obstante, sin sentirse como cubano. "Te crees que tienes derechos."

- ¡Yo tengo derechos!

Es mejor que no se esfuerce. Lo que pretende es imposible. No estuvo en esa escuela, no vio esos canales desde niño, no conoció aquellos momentos. No esperó por un colchón de recambio después de una tormenta tropical. No sabe vivir el instante del "llegó tal cosa a la bodega". No lo logrará. No caigo en la tentación de decirle una tontería como: "La cubanidad es un tueste que se consigue a fuego lento." O algo de ese estilo. Lo desapruebo sin explicaciones: "No se puede ser cubano por dos meses."


 


 

jueves, agosto 14, 2008

Emprendedor

Según una leyenda familiar, fue un hombre que se hizo a sí mismo. Sin fortuna ni estudios, debió resultar muy duro salir de la pobreza. El también lo era. En el sentido necesario para prescindir de lo que fuera para invertir en "el negocio". Alquilar un almacén de víveres. Emprender la torrefacción, basado sólo en el buen precio del grano almacenado y en el "toque" de su hermano para dar buen gusto al tostar. Vender café tostado y molido a un pueblo con tradición de hacerlo todo en casa. Mejorar, ampliar, establecerse.

Yo lo conocí mucho después, cuando ya se daba el lujo de pagarse a sí mismo el batido de zapote que me daba dolor en la frente. Aunque se pierde en la oscuridad de mi memoria naciente, es de esa época en que recuerdo escucharlo. Me llevó a conocer el tostadero "El Pueblo", detenido en horario nocturno, que lo enorgullecía por la máquina de envasar en sobres de celofán. "Me costó noventa mil pesos, pero se lo voy a sacar en menos de un año." El olor de café dentro del recinto era escandaloso y lo estuve asociando a mi padre y mi infancia en un mundo en fase terminal, hasta que se me borró hasta la imagen de la fachada del edificio de la memoria. Después me llevó a la panadería y dulcería, también modernizada y a las que, quizás por falta de imaginación, también nombró "El Pueblo".

Su espíritu emprendedor le había convertido en orgulloso propietario de otros negocios (siete en total, creo). Era, lo que en la jerga al uso de años después se clasificaría como "burguesía de provincias". Tenía cuarenta y seis años cuando bajaron los "barbudos". Esto le alegró, como a casi todos. Él los había estado ayudando: enviaba dinero y medicinas a los alzados, ayudó a esconder a algunos, conocía a los jefes, tenía amigos y familiares entre ellos.

Pero al poco tiempo, cambió el tono y era frecuente verlo en la casa sentado junto al enorme aparato de radio con teclas y nombres de exóticas ciudades lejanas en el dial, escuchando discursos o programas de otros países. Varias veces en esos días escuché la propuesta que debieron hacerse muchos guantanameros "¿Por qué no agarramos un carro y hacemos un viajecito por la Base hasta que todo se calme?" Pero no dimos el viajecito y un buen día lo escuché indignado: "Que lo entregue voluntariamente y me dejan la cuenta en el banco y me nombran administrador de la panadería." Aunque no entregó nada, lo nombraron administrador de la panadería.

A pesar del decomiso de las cuentas bancarias, los negocios, los autos y del cambio de moneda, volvió a iniciar nuevas empresas en la Habana. Debe haber ayudado la venta de la casa de Guantánamo, que era una casa grande, nueva y bonita, situada en el centro de la ciudad. A mediados de lo sesenta nos vimos viviendo en un apartamento en los bajos de un edificio en la calle San Nicolás. Adjunto al mismo, otro apartamento, más espacioso, era una peluquería que brindaba sus servicios desde "antes" y pasó a ser propiedad de mi mamá. Y una cafetería, situada junto al pasillo, era la de mi papá.

La cafetería, aunque pequeña, mantenía una clientela continua desde las primeras horas de la mañana en que se hacía la primera colada. La peluquería, en cambio, era la imagen de la decadencia. Sólo Juanito tenía un grupo de fieles señoras que seguían ocultando sus canas o su escasez capilar gracias a las hábiles manos de este veterano peluquero. Mi madre, entusiasta estudiante de peluquería, decidió crear una escuela nocturna en el propio recinto. Contrató a un maestro famoso ("Alberto, el peluquero de las estrellas") y comenzaron los cursos, que ofrecían servicios gratuitos a las clientas que prestaran su cabeza, excepto por los materiales (tintes, desrices, decolorantes) que debían ser pagados "a precio de coste".

Era la época de los grandes moños, minifaldas, baby dolls, y el maquillaje agresivo. Así se ven en la fotos (de "Gume, el fotógrafo de…") las graduadas junto al maestro, parece que van a cantar con las d'Aida, exhibiendo un diploma que tendría valor incluso si se fueran.

En fin, entraba un chorro de dinero.

Una noche, mi papá, cargado con el enorme molino de café, entró a la casa pidiendo apoyo. Refrigerador, cristalería, cubiertos, mercancías, todo el contenido de su pequeño establecimiento durmió en la casa. Fue la noche de los timbiriches arrasados. El local de la cafetería fue clausurado y la peluquería, que tenía puertas de cristal, estaba cubierta de espejos y daba trabajo legal a varias personas, fue intervenida con la consabida fórmula de mantener a la dueña como administradora. No pasó mucho antes de que cerraran la peluquería y extendiéramos nuestra vivienda por toda su área.

No puedo profundizar mucho en el significado de aquel golpe para la economía nacional, la sico-sociología del cubano o la situación política interna y externa. Para mi padre fue devastador. ¿Cuántas veces se puede perderlo todo? Crear, a base de inteligencia, dedicación y trabajo, un servicio que le da sentido a tu existencia y te permite subsistir y prosperar y ver que una absurda decisión se lo lleva todo y que a la mañana siguiente ya no tienes que madrugar, porque estarás todo el día sin nada en qué ocuparte.

Después de una etapa de alcoholismo (la recuerdo poco, supongo que la memoria infantil es compasiva), mi papá se regresó a Guantánamo. Estuve un tiempo sin noticias suyas, hasta una mañana en que no pude ir a la escuela porque mi papá estaba "grave". Mucho debía de ser porque se trataba de ausentarme a los exámenes finales de séptimo grado.

Cuando llegamos a Guantánamo, tampoco lo vi. Pasaron uno días antes de encontrarlo, en perfecto estado de salud y apurándonos para montar a un vehículo que nos llevaría a una región agreste, donde seguimos el curso de un río que nos debió conducir a la base naval. Lo hubiera hecho si no nos hubiese encontrado una patrulla de Guardafronteras y nos hubieran metido presos por "intento de salida ilegal" un delito que en aquellos tiempos se tipificaba como "contra la seguridad del estado".

Sólo él y otro viajero que ocasionalmente se nos había unido, quedaron presos. Los demás, niños y madres, fuimos puestos en libertad después de tres días de tontos interrogatorios.

Regresamos a La Habana y tuve noticias esporádicas de mi padre. Cumplió dos años de cárcel, volvió a enriquecerse (esta vez, por un método menos legal: anotando bolita), enfermó, le robaron. Lo vi una vez más, en un camastro en un cuarto desprovisto de comodidades, con un ventilador de hierro que no alcanzaba a disipar los hedores de la ancianidad y la borrachera. Apenas me reconoció. Su cirrosis hepática no le había impedido deslizarse en la inconsciencia alcohólica.

Era mi primer viaje a Guantánamo sin acompañante y todas mis visitas fracasaron por ausencia, enfermedad o muerte. Un señor, antiguo amigo de mi padre, que estaba sentado en su portal, me dijo: "No te preocupes. Él se levanta. Todavía tiene mucho dinero escondido." Se equivocó. Ya no pudo emprender otro camino que el del cementerio. No tenía nada, tampoco le hubiera servido en su estado. No sólo había perdido sus negocios, sus autos, casas. También había perdido a sus hijos, que no lo acompañamos en su viacrucis.

Hace treinta y cinco años que murió. Nuevas generaciones de emprendedores lo han intentado desde entonces. Algunos han tenido éxito. Es doloroso que todavía sean frenados, que no puedan actuar con garantías, que se estimule la envidia y extrañamiento hacia los que encuentran formas legítimas de procurarse bienestar a sí mismos y a los suyos, aunque hayan creado algún servicio que satisfaga necesidades nuevas o antiguas.

lunes, agosto 11, 2008

La saga de Solzhenitsin

Dejé pasar la ocasión de su muerte, como he dejado otras, sin decir nada. Un amigo (Epepeh) escribió en su blog un artículo sobre el gran escritor (http://epepeh.blogspot.com/2008/08/el-hombre-ms-grande.html) y me envió el link. En ese momento, me limité a leer su entrada.

Reaccionando tardíamente, quiero expresar unas ideas sobre este acontecimiento.

En mis tiempos de participante maldito del Taller Literario, me recordaban a veces que los matemáticos, cuando se meten a escribir, tienen "problemas ideológicos". Lejos de enorgullecerme por haber sido colocado junto a escritores insignes, negaba con vehemencia toda relación con el escritor ruso.

Creo que tenía razón, aunque casualmente y en sentido contrario a lo que pensaba entonces. Lo que se decía en "La Espiral De La Traición De Solzhenitsin" de Rezac y en "El acróbata", de Harry Thürk,
escritos con tinta color veneno, me distanciaban de ese supuesto escritor mercenario, carente de amor a la verdad y a la belleza, cuyas obras desconocía y cuya fama sólo era explicable mediante la traición.

Mucho después, revisando el librero de una vecina, vi que tenía "Un día en la vida de Iván Denísovich" y lo pedí prestado asumiendo que iba a encontrarme un compendio de infundios mal compuestos, pero que debía leer en ejercicio de justicia.

Jamás he leído nada tan fuerte. Aquel minúsculo libro contenía la mayor densidad de ideas y sugerencias que puedan conseguirse en una narración tan apasionante. Su carácter testimonial, dado por la calidad de los detalles y la exactitud de las relaciones entre los componentes de aquella inmensa tragedia no podía negarse. Thürk y Rezac mentían en cada palabra al referirse a su obra (no se equivocaban, la mentira es siempre intencional.)

Este libro me dijo más acerca de la literatura, de la política, la justicia y de mí mismo más que ningún otro. Supe por él que todavía yo deseaba escribir y que trataría de hacerlo de ese modo: mostrar cómo el hombre, ante una realidad aplastante e incomprensible, actúa. No espera la muerte como un animal herido. Lucha por la vida y su ingenio le proporciona los medios para hacerlo. El realismo se logra observando lo peculiar.

No podía encontrar el "Archipiélago Gulag". Precisamente Epepeh me lo prestó, cuando ya había desistido de buscarlo. Un ejemplar amarillento, cuyas hojas, desprendidas, había que recolocar para no sufrir desórdenes en la lectura. ¡Qué libro! Los testimonios caían, uno tras otro, ante mi jurado mental, proporcionándome un conocimiento que no podría ser ignorado nuevamente. ¿Cómo hay tantos que los olvidan? La fuerza de la palabra de Solzhenitsin, citando en ésta sólo hechos, era demoledora.

No he podido leer ninguno de sus otros libros, no dudo que sean trascendentales y conmovedores como estos.

Ha muerto el hombre. Su obra, una vez desaparecidas las pasiones que oscurecían su imagen, será colocada con las de Dostoievski y Tolstoi entre los grandes aportes de la literatura rusa al pensamiento universal. Una pléyade de escritores, algunos casi olvidados, del inmenso país, sorprenderán siempre a algún lector novicio que no espere encontrar la profundidad, el ingenio y la belleza que suelen tener las obras de aquellos y otros como Gogol, Chejov, Shólojov, Bulgákov, Pasternak y tantos más que hacen la lista imposible.

La leyenda del prisionero sometido a condiciones inhumanas, que logró poner en la picota no sólo a sus captores, sino también al sistema carcelario, seguirá alentando a todos los ivanes que por ahí andamos.