martes, junio 30, 2009

Menos retórica.

Luego de leer algunos de mis correos, hice una excursión al mundo de los blogs y sus comentaristas. Observar cómo en muchos mensajes se eleva la retórica a nivel de insulto y se argumenta con suposiciones y mentiras, me provoca vergüenza ajena.

La política es apasionante. Aunque los discutidores rara vez influyen en los hechos importantes, la incidencia que la política puede tener en las vidas de las personas hace que muchos se expresen con vehemencia defendiendo los que creen que son sus intereses. La afiliación partidaria favorece el alineamiento a posturas que no siempre comprendemos o resultan difíciles de sustentar con apego a los principios que propugnamos.

Nos enzarzamos en discusiones y cuando nos falta el argumento, acudimos a las descalificaciones. Cuando faltan hechos que apoyen nuestra postura, utilizamos suposiciones y si fuera necesario, la mentira.

Evito caer en eso. Trato de escribir solo de lo que sé, de lo que me consta. Cuando supongo, digo que es una suposición. Cuando invento, le llamo novela, o relato, nunca testimonio. Eso no mueve un grado a la izquierda o la derecha mi ideología. Si estoy convencido de mis ideas, no necesito insultar. Creo que en general es mejor tener preguntas e investigar con honestidad, que respuestas (más o menos fundamentadas) para "ganar" una discusión.

Yo soy el primer receptor de mis argumentos. No me sentiría bien, si para convencerme de algo, tuviese que falsear la realidad, mirar solo a lo que conviene o desechar otras alegaciones.

Me gustaría que los demás sintieran algo parecido, que se examinaran, que intentaran sentirse bien consigo mismos. No es necesario entenderlo todo, cualquiera puede dejarle el beneficio de la duda a sus afectos.

Aún así, comoquiera que lo hagan, prefiero que sigan hablando sobre Cuba. Escuchándonos, nos conocerán. Aunque sea a través de nuestras mentiras e insultos.

domingo, junio 21, 2009

Un blogger profesional.

Le dediqué la entrada anterior a un artículo, "Con las barbas en remojo" relacionado con el desabastecimiento de la red comercial en divisas, de Fernando Ravsberg, el corresponsal de la BBC en Cuba.

Los artículos del periodista muestran lo difícil de su trabajo. Resalta aristas interesantes en fenómenos, generalmente ya reseñados, pero es capaz de presentarlos desde ángulos llamativos, manejando información de primera mano que ilustra significativamente las tesis de sus encabezados. Se aleja de críticos y apologistas, lo cual atrae sobre él, ataques de ambos.

Una de sus recientes entradas, El bloqueo interno, la dedica al daño que provoca el agarrotamiento de la economía nacional por parte del Estado. Describe con ejemplos impactantes "las veredas oscuras" del error. Es una idea que ya ha sido presentada; sin embargo, no es retórica política lo que queda de su lectura, sólo realidad. Las leyes y restricciones que rigen la actividad económica cubana son incalculablemente dañinas y Fernando lo demuestra. Culpa a "la burocracia". Ésta se ha convertido en un cómodo chivo expiatorio (anónimo, colectivo) y éste es, para mí, el punto débil de su alegato. "La burocracia" tiene intereses, pero no es la que toma las decisiones, ni la iniciativa. Sólo cumple su "importante tarea".

La siguiente entrada, Pobrecitos los cubanos, parece destinada a compensar las ofensas del anterior, como el mal árbitro de beisbol que, después de "cantar" una bola mala como strike, lo compensa cantando un strike como bola mala. Una de cal y otra de arena. Confieso que por un momento me molestó. Especialmente eso de que el cincuenta por ciento tiene acceso a divisas. Pero mirándolo mejor, puede ser. Incluye entre otros, a los que reciben mesadas irregulares, los parqueadores, los que cobran diez CUC de "estimulación" cuando cumplen los parámetros, los mendigos de las puertas de las tiendas, las que limpian las casas de los que alquilan, las vendedoras de "jabas" en los agros. Los voraces inspectores que salen a medrar cada vez que aparece una medida de "control" (los últimos, los de los contadores eléctricos). La pirámide de ingresos cubanas, la real, es desconocida. Tengamos en cuenta que la mayoría de las entradas importantes se obtienen ilegalmente.

La información vale. Una pirámide de ingresos cuya base es muy ancha (la gran mayoría gana muy poco) que tiene un pico superior muy largo, una pirámide de una gran pendiente media, es la representación gráfica de una importante desigualdad. Desconozco la intención del periodista, pero eso es lo que demuestra. El famoso "igualitarismo" no existe.

Creo que los lectores extranjeros y los periodistas cubanos deben agradecer a este escritor que llame la atención sobre tanto tópico interesante de la vida nacional, y al valor con que lo hace.

jueves, mayo 28, 2009

Del Capitolio a la espuma de Fernando.

Hace mucho tiempo, diríase antes del Big Bang, existían juegos de mesa. Brisca, Dominó, Bingo, Parchís y Capitolio ocupaban el ocio de muchas familias cuando aún el Pin Pon electrónico, el Pacman o el Digger no habían comenzado este entretenimiento obsesivo en que se han convertido las computadoras y sus redes.

Los juegos de mesa solían ser familiares. En los sesenta comenzó la desaparición del espacio que reunía a las personas a compartir su ocio con tranquilidad y estos juegos mutaron y casi desaparecieron.

En Cuba, el Capitolio y su primo, el Monopolio, dieron lugar a "La Deuda Eterna", su variante empobrecida, donde usted no compra propiedades, ni construye, ni invierte. Se pasa el tiempo endeudado, esperando la asignación de recursos, temiendo un golpe de estado o cualquier desastre que lo saque del juego.

Me acordé de esta mutación leyendo el artículo del corresponsal de la BBC en Cuba, Fernando Ravsberg, "Con las Barbas en Remojo". Después de describir la efímera presencia de algunos productos en los estantes de las tiendas que venden sus productos en divisas, se declara intrigado. ¿Cómo es posible, con margen e impuesto superior al 240 % que escasee y desaparezca cualquier rubro?

No puedo pensar que él, Fernando, no lo sepa. Su extrañeza debe ser retórica. Él sabe de empresas que se retiran de nuestro "mercado" por no poder sobrevivir en un medio ambiente económico adverso, a la retención de los fondos en los bancos, la inestabilidad de los pagos a los proveedores, los cambios de reglas que afectan el cumplimiento de contratos. Los productos, de escasa variedad, se muestran intermitentes entre los retiros, la espera de otras fuentes y la poca redundancia que tienen como lógica consecuencia el actual panorama de las estanterías.

No importa cuanto dinero entre en las cajas contadoras. Es un capital que no sirve para pagar nuevas compras, es controlado fuera de las empresas comercializadoras. Si de pronto al Gobierno le hace falta recursos para cualquier otra cosa, habrá que esperar.

Es como si fuéramos un pueblo virtual de un juego de la Deuda Eterna. Un atribulado jugador debe ocuparse de llenar las tiendas o satisfacer nuestras necesidades, pero se pasa el tiempo cerrando propiedades, confiscando haciendas y eludiendo a sus acreedores, resolviendo los problemas del momento, siempre sin llegar a ponerse al día, mientras nosotros esperamos que se entretenga con otra cosa o que aprenda por fin a jugar, porque este juego así no tiene gracia.

miércoles, mayo 13, 2009

Cosas que no cambian

Aunque soy de los que piensan que todo tiene un fin y que también nuestro cambio está llegando, distingo los que pueden ocurrir por la voluntad y el interés de los gobernantes, de los que no tendremos fácilmente. Como van las cosas, por el momento solo llegarán algunos de los primeros.

Si queremos saber entonces qué cambios pueden venir de ese modo, tendremos que preguntarnos cuál es la situación ideal para ellos y qué harían para lograrla. Sólo veo aumento del control, restricciones, perfeccionamiento de la maquinaria estatal, conductismo y estratificación de la sociedad en su modelo. La aparente liberalización con que comenzaron las "reformas" (extender hacia los cubanos, servicios y ventas reservados a los extranjeros) fueron una muestra del tipo de relajamiento que están dispuestos a admitir: asuntos secundarios, desaparición de humillaciones inútiles y antieconómicas, más que impopulares, impresentables.

Quedan algunas de ese estilo entre las que se mencionan con más fuerza: la reapertura de las escuelas preuniversitarias en las ciudades, los permisos para vender y comprar automóviles de menos de cincuenta años en la isla, la eliminación de las restricciones de tipos de productos del agro que pueden ser vendidos en los mercados o la mejora del sistema financiero nacional, incluyendo una reforma monetaria.

Hay otras que han levantado muchas ilusiones y que no vendrán. No importará en estos casos que se trate de disposiciones impopulares o ilegítimas.

Un caso es el de las regulaciones que afectan a la libertad de tránsito en sus distintos aspectos. ¿Traslados internos? Puede ser…, quizás. Lo veo difícil, pero no totalmente imposible. ¿Salir y entrar libremente del país? Eso sí que no. Aunque la salida dependería adicionalmente de encontrar destinos dispuestos a recibirnos, un escenario limitado sólo por la disposición de abrirse de las fronteras externas crearía una presión extraordinaria sobre éstas y un cambio tremendo en la dinámica social del país. Es una posibilidad incompatible con el modelo. Puedo enumerar varios elementos, algunos ya expresados en distintos foros:

En primer lugar, significaría una gran pérdida de control. Sólo la posibilidad de coartar la presencia física permite ejercer cierto tipo de presiones, vigilancia y limitación. No sólo de los "enemigos internos", si no también de personas corrientes que no tendrían que quedarse donde se les prohíbe aquello a lo que tienen derecho y necesidad.

En segundo lugar, representaría una considerable afectación económica. Profesionales, deportistas, técnicos, artistas, etc., cuyos contratos serían fácilmente mejorados en cualquier parte, no podrían utilizarse del modo en que lo son, si ellos y sus allegados pudieran viajar o permanecer en los países a los que se les ha vendido su trabajo; o emigrar a cualquier otro sitio sin problemas para el regreso, en caso de desearlo. El llamado "robo de cerebros" se generalizaría en un ámbito laboral depreciado y en la vecindad del mayor mercado del mundo.

Hay un problema de imagen, y este es mi tercer punto, al que posiblemente seguiría cualquier reforma migratoria. La explosión del 80, cuatro años después del referendo constitucional, ocurrió en los momentos en que mejor iba la economía del país, cuando más sólidas parecían las instituciones, pero también después del corrosivo contacto con la "Comunidad". Se interrumpió la estampida, que no llevaba trazas de disminuir, cuando ya habían emigrado 125 000 personas y no se sabe cuántas más se disponían a hacerlo. La conmoción nacional que esto causaba es inimaginable para los que no la vivieron. ¿Qué ocurriría ahora, después de conocer el Período Especial y con las perspectivas sombrías que se ciernen sobre el futuro? No sé. Pero el unitarismo que se pretende presentar sería gravemente dañado. Si la crisis del Mariel fue centro de la atención de los medios en el mundo, un trance como aquel en el siglo de la información quitaría el modelo cubano de los discursos "izquierdistas" para siempre.

Por último, está el problema histórico. Estas "sociedades" funcionan con ese componente. Sin él, las experiencias han sido muy negativas. Recordemos las sacudidas migratorias en Europa del Este que precedieron a la caída del muro de Berlín, cuando algunos países abandonaron el "campo socialista" y conservaron sus fronteras abiertas para todos. Es natural, entonces, que los gobernantes no deseen permitir algo que les puede quitar el país.

No sucederá. Ni se permitirá la pequeña libre empresa, la inversión privada nacional o de la emigración, la diversificación de la enseñanza ni otras restricciones que conforman el sistema de mantenimiento del control.

Los cubanos, acostumbrados a los sucedáneos, seguimos dándoles soluciones ilegales a estas carencias. Hasta que llegue el día.


 


 

sábado, abril 25, 2009

Las dieciséis tetas del hurón.

Unos de los relatos de la colección publicada bajo el nombre de Ternera Macho y Otros Absurdos, es el titulado “Dieciséis Tetas”. Lo escribí poco después de escucharle un cuento parecido a una persona que quería convencer a su familia en los Estados Unidos para que se esforzaran un poco más y le enviaran lo necesario para comprarse una salida como falso ex-preso político. Salpicando su historia con retazos de la cotidianeidad, algo de Arenas y mucho mío, compuse el cuento que ya publiqué en este blog.

Lo traigo a colación porque me lo ha recordado un documento que circula por las memorias flash sobre el caso Hurón Azul. Me quedé corto con mi narración: es imposible competir utilizando solamente la fantasía contra una realidad como la nuestra.

En mi nutrida biblioteca juvenil, había un libro, “Formoso, 2.000 procesos industriales al alcance de todos”. Ya no puedo recordar el número de edición. En la época en que yo quería ser químico cuando fuera grande, me sirvió para no comprender por qué faltaban tantas cosas fáciles de producir. El libro no se limitaba a explicar cómo hacer esto o aquello: incluía una relación de proveedores de materiales, partes y equipos que se citaban en los distintos procedimientos. Todavía formaba parte de mi biblioteca a principios del oscuro “Período Especial” y me sumergí en su busca, tratando de hacer, por mi mismo, algunas de las cosas necesarias que habían desaparecido bruscamente de mis posibilidades de compra.

Más que las recetas, todavía plenamente válidas, me llamó la atención el espíritu práctico del libro. Era tan fácil que todo se empezara a fabricar, darían tanto rendimiento las inversiones. ¿Por qué no se hacía? ¿Por qué se hace tan poco?

La respuesta, la sabemos todos. Las trabas. El estanco.  Preferir el control a los frijoles.